
El nuevo año ha llegado, y como siempre la mayoría de nosotros hemos decidido hacer un listado de buenas intenciones para dicho período de tiempo que comienza. Promesas que todos en el fondo sabemos que no cumpliremos, o por lo menos en su mayor parte. Probablemente con un poco de esfuerzo, o suerte, alguna llegue a buen fin. Y sobre todo porque algunos hacemos una lista tan larga, que es casi imposible que alguna no se cumpla, algo así como si comprasemos todos los números de la lotería, alguno tendría que tocarnos.
Pues este año a diferencia de la mayoría empieza con más promesas que de costumbre porque este año, y en poco tiempo, se celebrarán elecciones nacionales.
Es el momento de las promesas y de quien da más, y parece increible que aún haya gente que todavía crea en esas palabras sin sentimiento y sin intención.
Si A promete Z, B prometerá +Z o Y si ese Y es algo mejor que Z, o de alguna manera consigue añadirse unos poco votos. En definitiva los políticos piensan que carecemos de personalidad, que somos moldeables, que somos utilizables y que pueden hacer con nosotros lo que quieran, y que por alguna extraña razón carecemos de memoria.
Pero lo que realmente me asusta es que en parte tienen razón, la gente olvida o quiere olvidar, porque nuestras vidas no son tan largas como para olvidar lo que nos prometieron y nunca cumplieron, son solo cuatro años, entonces como es posible que no nos demos cuenta, o que no queramos darnos cuenta. Ciertamente no hay mayor ciego que el que no quiere ver.
En definitiva, como buenos charlatanes y tahures, nos prometen aquello que queremos oir, o tener, de maneras diferentes, pero que si uno se dedica a prestar atención ven que son lo mismo. Año tras año, elección tras elección, la historia se repite. Es algo así como “La historia interminable” de Michael Ende, solo que la suya era un canto a la esperanza, a los sueños, y la de nuestros políticos es una pesadilla a la desesperación y al terror del devenir.
Salimos de cuatro malos años de gobierno, cada cual peor, hacia ¿dónde?
¿Más vale malo conocido que bueno por conocer? O ¿En la variación está el gusto?
Son preguntas sin respuesta, nadie puede asegurarnos que pasará, gane quien gane, en los próximos años, pero lo que sí es cierto que o bien otro partido empieza a gobernar este país, o el próximo gobierno se reforma por completo (empezando por el presidente), porque de lo contrario las cosas, como ya se ven venir, irán a peor y lo malo es que cuando queramos darnos cuenta será imposible rectificar, será tarde y ya no es que no haya remedio, si no que será extremadamente costoso y doloroso.
Así que hagamonos de corazón la siguiente pregunta ¿De verdad estos cuatro años nos han mejorado a nosotros como individuo, y luego como sociedad? Porque ¿para qué una sociedad más social, si no tenemos con qué comer, si no tenemos con qué vestirnos, si no tenemos dónde vivir, si no tenemos como educar a nuestros hijos, si en definitiva esa sociedad es un malvivir y un infierno? Y no, no soy alarmista, la economía va mal, el empleo va mal, la vivienda va mal, la educación va mal, por favor ¿Qué es lo que va bien?
Por favor dejen las promesas y empiecen a actuar.
Pues este año a diferencia de la mayoría empieza con más promesas que de costumbre porque este año, y en poco tiempo, se celebrarán elecciones nacionales.
Es el momento de las promesas y de quien da más, y parece increible que aún haya gente que todavía crea en esas palabras sin sentimiento y sin intención.
Si A promete Z, B prometerá +Z o Y si ese Y es algo mejor que Z, o de alguna manera consigue añadirse unos poco votos. En definitiva los políticos piensan que carecemos de personalidad, que somos moldeables, que somos utilizables y que pueden hacer con nosotros lo que quieran, y que por alguna extraña razón carecemos de memoria.
Pero lo que realmente me asusta es que en parte tienen razón, la gente olvida o quiere olvidar, porque nuestras vidas no son tan largas como para olvidar lo que nos prometieron y nunca cumplieron, son solo cuatro años, entonces como es posible que no nos demos cuenta, o que no queramos darnos cuenta. Ciertamente no hay mayor ciego que el que no quiere ver.
En definitiva, como buenos charlatanes y tahures, nos prometen aquello que queremos oir, o tener, de maneras diferentes, pero que si uno se dedica a prestar atención ven que son lo mismo. Año tras año, elección tras elección, la historia se repite. Es algo así como “La historia interminable” de Michael Ende, solo que la suya era un canto a la esperanza, a los sueños, y la de nuestros políticos es una pesadilla a la desesperación y al terror del devenir.
Salimos de cuatro malos años de gobierno, cada cual peor, hacia ¿dónde?
¿Más vale malo conocido que bueno por conocer? O ¿En la variación está el gusto?
Son preguntas sin respuesta, nadie puede asegurarnos que pasará, gane quien gane, en los próximos años, pero lo que sí es cierto que o bien otro partido empieza a gobernar este país, o el próximo gobierno se reforma por completo (empezando por el presidente), porque de lo contrario las cosas, como ya se ven venir, irán a peor y lo malo es que cuando queramos darnos cuenta será imposible rectificar, será tarde y ya no es que no haya remedio, si no que será extremadamente costoso y doloroso.
Así que hagamonos de corazón la siguiente pregunta ¿De verdad estos cuatro años nos han mejorado a nosotros como individuo, y luego como sociedad? Porque ¿para qué una sociedad más social, si no tenemos con qué comer, si no tenemos con qué vestirnos, si no tenemos dónde vivir, si no tenemos como educar a nuestros hijos, si en definitiva esa sociedad es un malvivir y un infierno? Y no, no soy alarmista, la economía va mal, el empleo va mal, la vivienda va mal, la educación va mal, por favor ¿Qué es lo que va bien?
Por favor dejen las promesas y empiecen a actuar.
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